¿El final del dengue?

Si le pregunto a usted ¿cuál es la criatura que ha matado a más humanos en la historia?, ¿qué me diría? Probablemente lo primero que le viene a la cabeza es el propio ser humano o algún animal selvático o los tiburones, sin embargo, le podría sorprender que un pequeño insecto de entre 0.5 y 2 centímetros y apenas 2.5 miligramos de peso, cuya anatomía no ha cambiado mucho en los últimos 80 millones de años, podría ser el responsable de la mitad de las muertes en la historia de la humanidad.

Hoy en día, la transición de enfermedades a través de mosquitos sigue uno de los problemas más graves de salud pública; la malaria y el dengue son probablemente los más importantes.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud cada año se presentan entre 50 y 100 millones de casos nuevos de dengue a nivel mundial y en los últimos 50 años la enfermedad ha crecido 30 veces principalmente en países tropicales. La mayoría de los pacientes sobreviven al dengue, pero se estima que mueren unas 20,000 personas al año. Más de 110 países sufren en mayor o menor grado de la transmisión del virus por el mosquito Aedes aegypti y en muchas de las regiones se considera ya un problema endémico o permanente.

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Imagen del dengue con un microscopio electrónico.

Los principales síntomas del dengue son fiebre, nauseas, dolor de cabeza, dolor de músculos y peculiarmente de huesos y articulaciones, de ahí el nombre de “fiebre ropehuesos”. Hasta hace tiempo se pensaba que el virus del dengue era sólo uno, sin embargo se ha encontrado que se trata de 4 senotipos distintos. Cuando una persona es picada e infectada, desarrolla anticuerpos que la protegen del virus y la hacen resistente al senotipo transmitido. Sin embargo, la misma persona será más susceptible a los otros tres, pudiendo desarrollar peores y más severos síntomas si es infectada por ellos.

El habitad del mosquito transmisor prácticamente se limita a zonas urbanas y medianamente pobladas, rara vez se le encuentra lejos de la actividad humana. Así la proliferación del insecto se debe a las malas condiciones y descuidos que se tienen para almacenar agua, dejar recipientes con agua al aire libre o la proliferación de basura.

Cerca del 60% del territorio mexicano presenta condiciones climáticas, sociales y económicas favorables para la transmisión del dengue: la pobreza, la migración, la falta de salubridad, el abandono gubernamental y el descuido de los propios ciudadanos redondean un panorama que actualmente no muestra buena cara. Del año 2000 al 2012, la incidencia de dengue en México pasó de 1.7 casos por cada 100,000 habitantes a 43 en la misma proporción. Incluso se han presentado casos donde era raro encontrar al mosquito Aedes, como zonas frías y elevadas. México es uno de los países con mayor tasa de crecimiento de casos en los últimos 14 años, aunque toda latinoamerica, la zona del caribe, buena parte de Asia, Arabia Saudita y África no se quedan atrás. Se estima que en las regiones donde se ha detectado la enfermedad habitan unas 2,500 millones de personas.

Frente a tales números y la gravedad del problema, a nivel mundial hay una especie de carrera científica y tecnológica por encontrar soluciones definitivas.

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Zonas en el mundo afectadas por el virus del dengue.

En 2012, por ejemplo, fue presentada una revolucionaria técnica basada en la manipulación genética del A. aegypti con la cual se eliminaba la estirpe de una pareja de mosquitos. La técnica desarrollada por investigadores de la Universidad de Oxford y la empresa inglesa Oxitec consiste en manipular el ADN de mosquitos machos de manera que transmitan a las larvas un gen que causa la muerte temprana. Así, la población de mosquitos decrece rápidamente y con ello las probabilidades de transmitir enfermedades. Las primeras pruebas realizadas en Islas Caimán, Malasia y Brasil dieron resultados muy buenos, disminuyendo la población de mosquitos en 85% en los primeros cuatro meses de implementado el programa. Según los científicos, en laboratorio pueden producirse millones de mosquitos manipulados genéticamente.

Aunque la técnica ha demostrado ser útil, segura y se recibió con bueno ojos en donde fue probada, también recibió duras críticas por algunos grupos conservadores y ambientalistas de Estados Unidos, debido principalmente a la mala fama que tiene todo aquello asociado con “modificación genética”.

Por otro lado, también desde 2012, se han presentado diversos resultados de pruebas hechas con una vacuna contra el virus. En días pasados, la farmacéutica francesa Sanofi reportó que en el ensayo final, su producto redujo los casos de enfermedad en casi 61%. El estudio llevado a cabo en 20,875 niños entre 9 y 16 años en Brasil, Colombia, Honduras, Puerto Rico y México confirmó que la vacuna es segura, proveyó alta protección contra dengue hemorrágico y mantuvo en 80% el riesgo de hospitalización. Sin embargo, para el senotipo 2, la efectividad cayo a 42%. Los resultados sugieren que la nueva vacuna responde mejor en aquellos pacientes que ya fueron infectados con alguno de los senotipos, de manera que su utilidad se fortalece para las regiones tropicales endémicas. Pero podría no ser así para turistas que nunca han estado en contacto con la enfermedad.

La vacuna es un virus vivo de fiebre amarilla debilitado que está modificado genéticamente —similar a los mosquitos de Oxford— para producir proteínas a partir de los cuatro subtipos de virus del dengue. El principal objetivo de la vacuna es elevar el número de anticuerpos para luchar contra los serotipos, pero además se ha hecho un seguimiento en los pacientes tratados para verificar que no se presentan reacciones adversas y comprobar la seguridad de la vacuna. Los resultados finales serán presentados en la reunión anual de la American Society of Tropical Medicine and Hygiene en Noviembre.

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Según altos ejecutivos de Sanofi, el primer lote de vacunas podría estar lista para el 2015 y comenzaría a vender las primeras dosis en el segundo semestre en México, Brasil y Colombia. Algunos analistas creen que la vacuna, en tres dosis, podría dar a la firma francesa cerca de 1,300 millones de dolares al año, algo similar a la inversión de la farmacéutica para desarrollar el tratamiento. Sin embargo, el precio de la vacuna no se ha dado a conocer. Para el 2016, la compañía podría estar en condiciones de fabricar 100 millones de dosis al año.

En México, junto con la Secretaría de Salud federal, el Grupo Mexicano de Expertos en Dengue y el Instituto Carlos Slim de la Salud encabezan las iniciativas para la introducción y seguimiento de la vacuna.

Si todo va bien, podríamos estar en la antesala de una gran noticia. Sin embargo, la acción de los ciudadanos y la atención gubernamental a los grupos menos favorecidos seguirán siendo las principales armas contra el dengue y muchas otras enfermedades asociadas con la pobreza y el deterioro social.

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