ENCUENTRAN FOSFINA EN VENUS, NO VIDA

La producción de la molécula podría estar relacionada, como en la Tierra, con la descomposición de materia orgánica por microorganismos. Sin embargo, no hay datos concluyentes, por lo pronto, de la presencia de alguna forma de vida.

El hombre de Venus. Segunda Parte

Reporte de Chappe

Como recordarán, la semana pasada comenzamos con la historia de un astrónomo del siglo XVIII dedicado en cuerpo y alma al estudio del cielo: Jean Batiste Chappe d’Antoroche.

Después de regresar a Francia en el verano de 1763 y obtener valiosos datos del tránsito de Venus de 1761 con observaciones desde Siberia, Chappe y un grupo muy numeroso de científicos preparaban los detalles del siguiente tránsito, a ocurrir en junio de 1769. Cabe mencionar que las expediciones no solo serían francesas, también alemanes, ingleses y españoles estaban involucrados en sus respectivos proyectos. La colaboración internacional era clave en el objetivo final: estimar la distancia Tierra-Sol y las dimensiones del sistema solar.

Chappe fue encomendado a la observación del tránsito en América, específicamente en la llamada la California, hoy península de Baja California, México.

Chappe salió de París a finales de 1768 junto con un grupo de colaboradores y con algunos de los mejores instrumentos ópticos y relojes construidos en esa época. Semanas después, en diciembre del mismo año, abordó una nave española en el puerto de Cadiz, donde lo acompañaron dos oficiales, Vicente de Doz y Salvador de Medina, en representación del rey Carlos III.

La travesía por el Atlántico fue tranquila y sin contratiempos; sin embargo, los primeros problemas comenzarían justo al divisar las costas novo-hispanas. Una tormenta tropical arremetió en la zona de la Vera-crux (hoy puerto de Veracruz) a su llegada. Todos los viajeros tuvieron que permanecer en el barco hasta que la tormenta pasara y afortunadamente ninguno de los instrumentos que Chappe llevaba sufrió daño alguno.

Placa conmemorativa de la observación de 1769

Ya en tierra, tomó la ruta clásica de la época para ir a la Ciudad de México. Desde allí, emprendió hacia el noroeste lo que Chappe mismo describe como uno de los viajes más difíciles y peligroso que jamas haya hecho. La geografía y el clima fueron los principales rivales a vencer. Tras siete semanas de recorrido llegaron al puerto de San Blas, en el océano pacífico, lugar donde volvieron a embarcar para dirigirse a la península de Baja California. Su lugar de observación se ubicó muy cerca de la misión jesuita de San José del Cabo. Chappe llegó apenas con tiempo de preparar los instrumentos y hacer algunas observaciones extra para determinar su posición. El 3 de junio de 1769 ocurrió el tránsito de Venus y al igual que en 1761, los resultados de Chappe fueron excelentes.

Jean Batiste Chappe d’Antoroche

Días antes al tránsito, una epidemia (probablemente fiebre amarilla) comenzó en la región. Chappe contrajo la enfermedad, al igual que casi todos los miembros de la expedición. Según Jean Pauly, un ingeniero, geógrafo y miembro del grupo, Chappe convalecencia favorablemente, pero su descuido e insistencia de pasar la noche observando el eclipse de Luna del 18 de junio lo llevaron a empeorar. Chappe murió el 1 de agosto de 1769 en otrora tierras de la Nueva España.

Tres días antes de su muerte decía: “… siento que tengo que terminar y que tengo poco tiempo de vida, pero he completado mi objetivo y muero feliz.”  Estas palabras muestran su profundo amor hacia la ciencia, la astronomía y el apego al deber. Durante una ceremonia de la Academia Francesa de Ciencias a finales de ese mismo año, se decía de Chappe: “… era de estatura mediana, bastante grueso, con temperamento fuerte y luminoso; tenía un alma simple, libre y franca, un corazón noble, justo y lleno de candor; era naturalmente alegre, social y amistoso… el rey a menudo habló con él y honró su muerte… nadie ha sido más desinteresado que él, amaba la gloria , pero quería conseguirla por si mismo… su coraje y firmeza sin límites proporcionan la evidencia de los tantos elogios que merece…”

El hombre de Venus. Primera Parte

Tránsito de Venus. J. Schedler 2004

El planeta Venus ha sido uno de los temas más fascinantes, enigmáticos y hasta fantásticos a lo largo de la historia del hombre. Apareciendo cíclicamente al atardecer y muchos días después al amanecer, siendo por momentos el objeto más brillante en el cielo, cubierto por densas nubes de ácido sulfúrico y dióxido de carbono, rotando su eje en dirección contraria al resto de los planetas, atravesando el disco del Sol en periodos regulares, etc., todo esto hacen de Venus uno de los más interesante personajes de la astronomía.

Además de esto, su estudio y observación no han estado alejados de problemas y contratiempos, triunfos y fracasos. Muchas de las historias entorno a Venus son conmovedoras y nos recuerdan que desentrañar los misterios del cosmos cuesta mucho, a veces incluso la vida.

Jean Batiste Chappe d’Antoroche nació en Francia, el 2 de Marzo de 1728, en medio del reinado de Luis XV. Como miembro de una familia noble, tuvo oportunidad de estudiar en el seminario Jesuita de Mauriac, su ciudad natal. Ingresó a la Universidad Louis-le-Grand donde se interesó por primera vez en la astronomía. Ya concluida esta etapa, Chappe fue admitido como miembro del Observatorio Real, trabajando en el Observatoire de Paris, donde Jacques Cassini (hijo del famoso Giovanni Cassini) era el director. Chappe estaba por encaminarse en uno de los proyectos más importantes de su época y ser parte de una de las más notables aventuras científicas.

Desde finales del siglo XVII, hasta ya entrado el siglo XVIII uno de los grandes problemas en la ciencia (no solo la astronomía) era la precisa medición de las distancias en el sistema solar, pues hasta ese momento lo mejor que se tenía eran estimaciones aproximadas para las separaciones entre los planetas y el Sol. A pesar de lo difícil que parecía la tarea, bastaba conocer con precisión la distancia entre la Tierra y otro planeta para calcular -mediante las leyes de Kepler– lo mismo con los otros. Uno de los métodos para determinar eso  -notado por James Gregory desde 1653- era utilizando el paso de Venus por el disco solar, lo que ahora llamamos tránsito de Venus.

Gravado en el reporte de Chappe. Campesina Rusa.

El éxito de este método se basaba principalmente en tres cosas: buenos instrumentos ópticos, excelentes relojes y observar el tránsito desde muchos lugares muy separados entre ellos, para utilizar lo que los astrónomos llamamos paralaje (este efecto lo podemos ver al extender la mano al frente, levantar el pulgar, abrir y cerrar alternadamente nuestros ojos y comparar la posición que tiene con respecto al fondo). Aquí un sitio que explica y propone el método.

Chappe fue asignado para realizar las observaciones del tránsito de 1761 (el anterior había ocurrido en 1639) desde Tobolsk, una ciudad enclavada en la parte sur de Siberia. Salió de Francia a finales de noviembre de 1760, pasó por Viena, Polonia, llegó a Petersburgo el 13 de febrero de 1761 y finalmente a Tobolsk el 10 de abril. Su travesía fue accidentada, debido principalmente a las fuertes lluvias que azotaron la región, desbordando ríos e inundando grandes regiones. Alrededor de mayo, Chappe pudo observar dos eclipses, uno de Luna y otro de Sol, que le permitieron medir con precisión las coordenadas de Tobolsk, dato fundamental en el cálculo del paralaje.

Probablemente, uno de los incidentes más fuertes ocurrió días antes del tránsito. Ya con sus instrumentos instalados, Chappe y su grupo fueron acusados por los campesinos de Tobolsk de “ser los perturbadores del Sol y provocar las inundaciones que se dejaban sentir en la zona”. La pronta intervención de los soldados Cosacos (grupo militar del ejercito ruso, establecidos en esa zona) evitó que los pobladores dañaran el equipo y permitieron a Chappe y colaboradores continuar su trabajo.

Reporte de Chappe. Uni. de Minnesota.

Según registra él mismo, la noche del 5 de Junio -una antes del tránsito- el cielo estaba cerrado por nubes gruesas. Chappe estaba decepcionado y triste, “hacer este viaje, llegar aquí con estos problemas, solo para ver un objeto… y nada” -decía. El 6 de junio, alrededor de medio día y justo antes de comenzar el tránsito, el cielo se limpió. Chappe pudo obtener excelentes datos y contribuir de manera notable a los cálculos del paralaje. Mantuvo su campamento en Tobolsk por tres meses más para mejorar las estimaciones de su posición y a lo largo de su regreso fue realizando más observaciones astronómicas con el fin de calcular las coordenadas de otras ciudades. Regresó a Francia en Agosto de 1763. El viaje que hoy en día puede hacerse en unas cuantas horas, le tomó 2 años y 9 meses.

Los excelentes datos que obtuvo Chappe fueron reconocidos ampliamente por la Academia Francesa de Ciencias. Continuó trabajando para el Observatoire de Paris, mientras preparaba los cálculos de su próximo “viaje de trabajo”: el siguiente tránsito de Venus en junio de 1769. Su objetivo, ahora estaba del otro lado del Atlántico, del otro lado del continente, justo en lo que era conocido como “la California”, reino de la Nueva España. Más precisamente en lo que ahora conocemos como San José del Cabo, en la península de Baja California, México; lugar del que desafortunadamente no saldría con vida.

La próxima semana, la segunda parte de la historia de Chappe -ahora en México.

P.D. No olviden que el próximo 5 junio es el tránsito de Venus. El siguiente será hasta el 2117 (por la tarde).

 

Venus como exoplaneta

Telescopio Kepler y zona en el cielo que observa
El Telescopio Espacial Kepler ha resultado ser –hasta el momento– el instrumento más fructífero dedicado la caza de exoplanetas. Kepler observa simultáneamente cerca de 150 mil estrellas con la intención de detectar pequeñísimas variaciones en su luz, producto de los periódicos “mini-eclipses” del exoplaneta en su estrella.

Los últimos hallazgos de Kepler sin duda son muy interesantes y alentadores. Por ejemplo, el exoplaneta Kepler 22b, una “super Tierra” de 2.4 veces la masa terrestre y una distancia a su estrella tal que muy probablemente le permite mantener agua liquida –si es que la tiene–, es un fuerte candidato a ser habitable. Después, los casos de Kepler 20e y 20f, dos exoplanetas en el mismo sistema, probablemente rocosos, con tamaños parecidos a Venus y la Tierra respectivamente, pero con órbitas muy cercanas a su estrella. Sus temperaturas superficiales, por lo tanto, no son nada benévolas para albergar vida.

Un estudio reciente –además de revelador y fascinante– hecho con los resultados conjuntos de Kepler y otros telescopios muestra que los planetas en otras estrellas son el común denominador, más que algo raro y extraordinario: muy probablemente una de cada 2 estrellas como el Sol tienen al menos un planeta (solo en nuestra Galaxia existen varias decenas de millones de estrellas como el Sol).

Sin embargo, hasta el momento no tenemos evidencia de que los exoplanetas encontrados tengan organismos vivos como los conocemos en la Tierra. De hecho, no conocemos la densidad de muchos y por lo tanto no sabemos si están formados en su mayoría por tierra firme o grandes masas de agua líquida. Aún más, desconocemos totalmente la composición atmosférica de estos cuerpos -si es que la tienen. Entonces, ¿cómo investigar las posibles atmósferas en exoplanetas? ¿Contra que comparar los resultados? Una vía importante para responder estas preguntas podría venir este año –y no exactamente del embuste del “fin del mundo”.

Tránsito de Venus.

Entre el 5 y 6 de junio Venus atravesará el disco solar, es decir, transitará frente al Sol visto desde la Tierra. Este evento dará a los astrónomos la oportunidad de apuntar sus instrumentos hacia nuestro planeta vecino y estudiar su atmósfera. Mientras se da el tránsito, la luz del Sol atravesará la atmósfera venusina y muchos de sus componentes podrán ser detectados por espectrógrafos. Los datos obtenidos servirán para compararlos con atmósferas en exoplanetas y determinar qué tan similares o diferentes son.

Por supuesto, la investigación sobre Venus lleva ya muchos años, pero el fenómeno de tránsito posibilita observarlo de manera similar a como se hace con los exoplanetas. En efecto, si hay una manera de simular cómo se ve la atmósfera de un exoplaneta al pasar frente a su estrella, es mediante los tránsitos aquí en el sistema solar, y el de Venus será importantísimo.

Así que, mientras los astrónomos preparan sus instrumentos, ustedes apunten en la agenda 5 y 6 de junio, porque de otra manera estarán obligados a esperar hasta los años 2117 y 2125 cuando se den nuevamente sendos tránsitos de Venus (el primero será por la tarde y el segundo al mediodía… por si a alguien le interesaba saber).

Nota: Las medidas de seguridad para disfrutar del tránsito son indispensables.  Una sobreexposición a los rayos solares puede traer graves consecuencias para la vista. Observar el Sol a través de un telescopio, sin filtros adecuados, podría llevar a la ceguera permanente.