El polvoriento cinturón de Orión

Polvo y gas son los principales trazadores que nos indican donde se forman estrellas. Sin embargo, el estudio de estos dos ingredientes se hace muy difícil si únicamente usamos observaciones con telescopios tradicionales, sensibles en la parte óptica del espectro.

Es aquí donde entran en escena los radiotelescopios: una antena o conjunto de ellas observando “luz” en las partes centimétricas, milimétricas y submilimétricas del espectro electromagnético.

Precisamente, la antena APEX, en el desierto chileno, acaba de mapear, a longitudes de onda submilimétricas, la zona de Messier 78 (M78), una región llena de gas, polvo y con un resplandeciente color blanco-azul debido a la luz dispersada proveniente de las estrellas. Es lo que llamamos una nebulosa de reflexión.

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Región central de Orión. Abajo tenemos la Gran Nebulosa de Orión y arriba la nebulosa de reflexión M78. (Wikisky)

Lo que APEX encontró fue que una serie de filamentos oscuros, asociados a M78, contienen grumos de gas y polvo donde están por nacer más estrellas. Varios de estos grumos ya tienen actividad estelar y muestran los llamamos flujos moleculares, esto es, gas arrojado casi perpendicularmente a discos de acreción, desde los polos por las jóvenes estrellas.

Es curioso notar que a pesar de que muchos de estos grumos ya están formando estrellas, el polvo a su alrededor, detectado por APEX, apenas alcanza la temperatura de unos -250ºC. Por cierto, la nebulosa M78 es perfectamente visible con un telescopio pequeño o unos binoculares, en condiciones de oscuridad adecuadas. Además, es muy fácil de encontrar: justo arriba de Alnitak, la estrella más al sur del cinturón de Orión (ver mapa).

28 mil cuatrillones de botellas de tequila

La Norma Oficial Mexicana NOM-006-SCFI-2005 señala las cantidades máximas y mínimas de diversos alcoholes que pueden contener los tequilas legalmente comercializados. Según esta norma, los tequilas pueden contener hasta 300 miligramos de alcohol metílico (metanol) por cada 100 mililitros de alcohol etílico o potable.

El enjambre junto a la Tarántula

El Observatorio Europeo Austral (ESO) acaba de entregar una imagen increíble de un enjambre estelar compuesto por varios miles de jóvenes soles. NGC 2100 (NGC es el nombre del catálogo) es un cúmulo de estrellas –de los llamados abiertos–, ubicado muy cerca de otra región llamada la Tarántula. Todo asociado con la Gran Nube de Magallanes, una galaxia muy cercana a la Vía Láctea y visible desde el cielo Sur.

Los colores del gas, tanto en los alrededores de NGC 2100 como en la nebulosa Tarántula, son simplemente espectaculares: rojos, verdes, azules, amarillos; todos representan gas compuesto de diversos elementos y sometido a diferentes condiciones de temperatura y radiación.

Este tipo de agrupaciones estelares son muy comunes en galaxias con grandes reservas de gas y polvo: las materias primas para formar estrellas. En el caso de NGC 2100 muy probablemente todas nacieron de un solo golpe hace algunas decenas de millones de años. La nebulosa Tarántula también contiene muchas estrellas jóvenes en su interior.
La imagen de NGC 2100 forma parte de la colección Tesoros Escondidos 2010 que ESO organizó el año pasado y tenía como finalidad que astrónomos aficionados y público en general revisaran los archivos de información para encontrar verdaderas joyas cósmicas. El enjambre junto a la Tarántula fue una de ellas.

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Choques para ionizar el Universo

Ionizar significa desprender o añadir electrones a átomos o moléculas, y en el Universo este proceso generalmente se da con radiación de diversas energías, o en otras palabras, con luz de distintas longitudes de onda. Muy en el principio del Universo, entre 150 millones y 1000 millones de años después del Big Bang, hubo una época donde mucho del material -hidrógeno en su mayoría- fue ionizado por luz muy energética. Sin embargo, hasta ahora se sabe muy poco de cómo pudo darse esta ionización.

Los candidatos naturales para ionizar son las estrellas, sin embargo, uno de los problemas radica en que las galaxias -hogar de las estrellas- normalmente están rodeadas por halos o cascarones de hidrógeno que absorben mucha de la radiación proveniente de estas. La clave para que la radiación ionizante pueda escapar podría estar en los choques de galaxias. De hecho, un grupo de investigadores recientemente utilizaron los Telescopios Magallanes, en Las Campanas (Chile), e imágenes del Telescopio Espacial Hubble y encontraron que los encontronazos entre galaxias dejan verdaderos boquetes por donde es posible que luz muy energética escape, ionizando más allá de los halos de hidrógeno. Así, los choques entre galaxias, además de espectaculares, bien pudieron ayudar a establecer las condiciones del Universo tal y como lo conocemos al día de hoy.

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