Viaje al interior de uno mismo

Mi aventura comienza de la forma más inesperada posible. Justo en la entrada del salón una gran figura animal, de unos 5 o 6 metros de alto, me espera. Es difícil precisar la verdadera dimensión desde aquí abajo; mi cabeza apenas sobrepasa su rodilla. Puedo decir que jamás había estado tan cerca de una Jirafa, igual que jamás había visto su interior, sus entrañas, sus huesos, sus órganos. Intento reprimir un poco al niño que llevo dentro; no es morbo.

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