El sueño de Rosetta y el despertar de Philae

Imagina ser el único allá arriba, flotando entorno de una montaña de hielo y rocas sucias. Imagina que tu amigo más cercano se ubica en algún punto de ese cometa, listo para contarte cómo es allá abajo.

Los hielos y el polvo, las piedras y los gases se aglomeraron en ese cuerpo cuando el Sol apenas comenzaba a brillar, mucho antes, siquiera, de que la Tierra terminara de formarse del todo.

Rosetta y Philae han viajado por años, buscando esos escombros interestelares, esas piezas de rompecabezas que nos hacen falta para entender mejor cómo y porqué estamos aquí. Hemos lanzado máquinas al espacio para encontrar las respuestas.

Philae se quedó dormida hace meses… pero ahora, está de vuelta.

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La imagen de arriba fue tomada por la cámara de navegación de la sonda Rosetta, el pasado 13 de junio del 2015, como a eso de las 19:38 GMT (14:38 tiempo del centro de México; 16:38 tiempo de Chile y Argentina).

Poco después, despertó Philae y comenzó a transmitir señales de vida: le dijo a Rosetta que el clima en la superficie de Chury era excelente para trabajar, -38°C.

La imagen fue tomada a 201 kilómetros del centro del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko y mide 17.5 kilómetros de ancho; cada pixel de la imagen mide 17.1 metros.

Philae está bien y se encuentra a las afueras de la gran depresión justo en la parte superior derecha del cometa.

LAS FAMILIAS DE COMETAS EN BETA PICTORIS

Si pudiéramos viajar al pasado, unos 4,500 millones de años atrás, nos encontraríamos con un espectáculo impresionante y aterrador. El Sol estaría rodeado por un gran disco de gas, polvo, rocas y embriones planetarios. Todo sería confuso e irreconocible.