Anuncian una detección más de ondas gravitacionales

Un equipo internacional de investigadores ha realizado la tercera detección de ondas gravitacionales: esos bucles del espacio-tiempo (predichas por Einstein a principios del siglo pasado), producidas por colisiones de objetos extremadamente masivos.

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Aunque la detección ocurrió el 4 de enero de este 2017, el anuncio se da hoy, después de largos trabajos de análisis y modelado. El resultado fue la confirmación de las ondas y la propuesta de su origen: la colisión de dos agujeros negros, a 3,000 millones de años luz de distancia, cuya fusión creó un objeto similar pero 50 veces la masa del Sol.

… [estos] agujeros negros podrían haber estado girando en direcciones opuestas, lo que ofrece importantísimas pistas sobre cómo nacen estos sistemas binarios. Es posible que estos […] se formaron en el Universo temprano y contribuyeron significativamente con materia oscura en el Cosmos.

Dice Susan Scott, jefa de investigación del Centre of Excellence for Gravitational Wave Discovery, de la Universidad Nacional de Australia, que a su vez forma parte del consorcio LIGO (Laser Interferometer Gravitational-wave Observatory), encargado del experimento-observatorio del mismo nombre.

LIGO anunció en febrero de 2016 el descubrimiento de la primer señal de ondas gravitacionales (se formó un agujero de 62 masas solares) y en junio la segunda (21 masas solares). Desde entonces han venido trabajando para mejorar los instrumentos y enriquecer el catálogo de esta fauna cósmica.

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Señal de GW170104, la onda gravitacional anunciada hoy. Fuente: LIGO/Phys. Rev. Lett. 118, 221101

El proceso de confirmación no es nada sencillo. Una vez que se detecta una señal que podría ser una onda gravitacional, se elaboran decenas de modelos, con diversos parámetros asociados con el par de agujeros negros, para comparar con la observación. Así, los investigadores proponen el escenario más sencillo y probable que explica la detección. Es una observación indirecta, sí, pero es un poco parecido al dicho: camina como pato, grazna como pato, se parece a un pato, entonces es…

LIGO es financiado por la National Science Foundation (NSF) de Estados Unidos y operado por el MIT y la Universidad de California (CalTech), pero también están involucrados instituciones de Alemania, Reino Unido y Australia. En total, más de 1,000 científicos e ingenieros alrededor del mundo trabajan en el proyecto, uno de los más ambiciosos y sorprendentes de la historia de la ciencia.

Para todos, la confirmación de las ondas gravitacionales demuestra que tenemos una ventana más en la astronomía. De ahora en adelante seguirá un intenso trabajo para asociar estas detecciones con algún tipo de radiación en el espectro electromagnético. En otras palabras, ver si estas fusiones producen rayos X, ultravioleta, visible u ondas de radio.

La última merienda del monstruo

Uno de descubrimientos más interesantes de las últimas décadas es que prácticamente todas la galaxias tienen un agujero negro supermasivo en su centro.

Desde luego que a los agujeros negros no podemos verlos: la deformación del espacio-tiempo hace que incluso la luz sea tragada por estos monstruos supermasivos.

Comida fría para agujeros negros supermasivos

Los agujeros negros son objetos exóticos que en términos generales existen en dos tipos: los pequeños, con unas pocas veces la masa del Sol, y los supermasivos, con millones de veces la masa de nuestra estrella. Los segundos se encuentran en el centro de casi todas las galaxias y son, literalmente, monstruos devoradores de material galáctico interestelar.

Viaje al centro de nuestra galaxia

En lo profundo del corazón de nuestra galaxia, la Vía Láctea, el telescopio espacial Hubble nos revela un mosaico formado por más de medio millón de estrellas. Excepto por unas pocas estrellas azules, visibles en primer plano, el resto de los astros en la imagen de abajo son miembros del cúmulo central de estrellas de la Vía Láctea: la agrupación más densa y masiva de estrellas en la galaxia. Escondido en el centro de este cúmulo esta el residente más impresionante de la Vía Láctea, un agujero negro supermasivo.