Geocentrismo y Creacionismo ‘reloaded’

La Tierra es el centro del Universo y todo gira entorno a ella. Además, permanece estática, inmóvil y no tiene más que 6 mil años de existir. Los seres humanos venimos de Adán y Eva, cuyos orígenes fueron el fango y un pedazo de carne con hueso, respectivamente. Los dinosaurios son una trampa que Dios nos puso para probar nuestra fe en él. O mejor aún, los hombres y los dinosaurios coexistieron en algún momento. En términos generales, todo cuanto existe fue creado en seis días, a partir de la nada y en la sagrada secuencia registrada en el libro que lo explica todo: la biblia.

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Pobre Plutón… ahora, otra luna

Apenas en 2006 la Unión Astronómica Internacional  (IAU), agrupación que reúne a los astrónomos profesionales e investigadores, degradó al nuevo nivel de planeta enano Plutón. La razón, no justificada por muchos, fue esta: no cumple con el tercer punto de la definición de planeta. Bueno, ¿cuáles son esas reglas que todo cuerpo en el Sistema Solar tiene que cumplir para ser nombrado planeta?

Venus como exoplaneta

Telescopio Kepler y zona en el cielo que observa
El Telescopio Espacial Kepler ha resultado ser –hasta el momento– el instrumento más fructífero dedicado la caza de exoplanetas. Kepler observa simultáneamente cerca de 150 mil estrellas con la intención de detectar pequeñísimas variaciones en su luz, producto de los periódicos “mini-eclipses” del exoplaneta en su estrella.

Los últimos hallazgos de Kepler sin duda son muy interesantes y alentadores. Por ejemplo, el exoplaneta Kepler 22b, una “super Tierra” de 2.4 veces la masa terrestre y una distancia a su estrella tal que muy probablemente le permite mantener agua liquida –si es que la tiene–, es un fuerte candidato a ser habitable. Después, los casos de Kepler 20e y 20f, dos exoplanetas en el mismo sistema, probablemente rocosos, con tamaños parecidos a Venus y la Tierra respectivamente, pero con órbitas muy cercanas a su estrella. Sus temperaturas superficiales, por lo tanto, no son nada benévolas para albergar vida.

Un estudio reciente –además de revelador y fascinante– hecho con los resultados conjuntos de Kepler y otros telescopios muestra que los planetas en otras estrellas son el común denominador, más que algo raro y extraordinario: muy probablemente una de cada 2 estrellas como el Sol tienen al menos un planeta (solo en nuestra Galaxia existen varias decenas de millones de estrellas como el Sol).

Sin embargo, hasta el momento no tenemos evidencia de que los exoplanetas encontrados tengan organismos vivos como los conocemos en la Tierra. De hecho, no conocemos la densidad de muchos y por lo tanto no sabemos si están formados en su mayoría por tierra firme o grandes masas de agua líquida. Aún más, desconocemos totalmente la composición atmosférica de estos cuerpos -si es que la tienen. Entonces, ¿cómo investigar las posibles atmósferas en exoplanetas? ¿Contra que comparar los resultados? Una vía importante para responder estas preguntas podría venir este año –y no exactamente del embuste del “fin del mundo”.

Tránsito de Venus.

Entre el 5 y 6 de junio Venus atravesará el disco solar, es decir, transitará frente al Sol visto desde la Tierra. Este evento dará a los astrónomos la oportunidad de apuntar sus instrumentos hacia nuestro planeta vecino y estudiar su atmósfera. Mientras se da el tránsito, la luz del Sol atravesará la atmósfera venusina y muchos de sus componentes podrán ser detectados por espectrógrafos. Los datos obtenidos servirán para compararlos con atmósferas en exoplanetas y determinar qué tan similares o diferentes son.

Por supuesto, la investigación sobre Venus lleva ya muchos años, pero el fenómeno de tránsito posibilita observarlo de manera similar a como se hace con los exoplanetas. En efecto, si hay una manera de simular cómo se ve la atmósfera de un exoplaneta al pasar frente a su estrella, es mediante los tránsitos aquí en el sistema solar, y el de Venus será importantísimo.

Así que, mientras los astrónomos preparan sus instrumentos, ustedes apunten en la agenda 5 y 6 de junio, porque de otra manera estarán obligados a esperar hasta los años 2117 y 2125 cuando se den nuevamente sendos tránsitos de Venus (el primero será por la tarde y el segundo al mediodía… por si a alguien le interesaba saber).

Nota: Las medidas de seguridad para disfrutar del tránsito son indispensables.  Una sobreexposición a los rayos solares puede traer graves consecuencias para la vista. Observar el Sol a través de un telescopio, sin filtros adecuados, podría llevar a la ceguera permanente.

El lento viaje de un fotón solar

Todos los días recibimos de nuestro Sol cantidades inmensas de energía en forma de luz y calor. Solo como un dato, el total de energía solar que se absorbe por la atmósfera, los océanos y las masas de tierra en una hora, es más que la usada a nivel mundial ¡en todo un año! Sin embargo, a diferencia de lo que podríamos pensar, la luz o los fotones del Sol no se producen en su superficie, sino en el mismísimo núcleo solar.
Los fotones solares -y los de cada estrella en el Universo- son el resultado de reacciones nucleares. En el caso del Sol, el principal mecanismo de fusión nuclear (y producción de energía) es el llamado protón-protón y consiste básicamente en la formación de helio (He) utilizando núcleos de hidrógeno (H) o protones. Tales fusiones son posibles gracias a las extremas condiciones del núcleo solar (digamos el 25% del radio del Sol). Por ejemplo, las temperaturas allí son de unos 15 millones de grados y bajan poco a poco hasta alcanzar unos 5 mil 700 grados en la superficie. Tales temperaturas son suficientes para ionizar mucho del material y convertirlo en plasma. En otras palabras, el interior solar es una sopa compuesta de electrones libres y núcleos atómicos, bajo condiciones extremas.
El viaje de los fotones comienza en el núcleo solar, donde dijimos son generados. Cuando un fotón pasa cerca de un electrón, el primero sufre una dispersión aleatoria, de manera que su encuentro lo desvía hacia cualquier dirección posible. Dada la gran cantidad de electrones libres que hay en el Sol, un solo fotón puede interaccionar y desviarse muchísimas veces antes de alcanzar la superficie Solar. Esto se asemeja a una bola de billar que va golpeando otras hasta que por fin llega a su objetivo (o en términos más coloquiales al “camino que recorre el borrachito”). 
Echándole números al asunto y haciendo algunas consideraciones (como asumir densidad homogénea del gas al interior del Sol), llegamos a que “el fotón promedio” tarda en salir del Sol mas o menos ¡un millón de años! y una vez en la fotosfera le toma unos 8 minutos en llegar hasta nosotros, en la Tierra. Si pensamos un momento en esto, muchos de los fotones que ahora vemos, que ahora entran por nuestros ojos provenientes del Sol, fueron generados poco después del apogeo del Homo erectus. Así es el “lento” viaje de un fotón solar.

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