Las familias cometarias de Beta Pictoris

Si pudiéramos viajar al pasado, unos 4,500 millones de años atrás, nos encontraríamos con un espectáculo impresionante y aterrador. Nuestro sol estaría rodeado por un gran disco de gas, polvo, rocas, cometas y embriones planetarios. Todo sería difuso y prácticamente irreconocible, confuso.

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Semillas Planetarias

Una de las grandes cuestiones de la ciencia es cómo se formó el sistema solar, en particular cómo se formaron los planetas, incluyendo el nuestro. Desde luego, las respuestas no son sencillas, pero observar otros sistemas planetarios en plena construcción y analizar su luz da pistas muy importantes a los científicos.

La diferencia entre ellos y nosotros. Una historia de sistemas planetarios

¿Qué tan especiales somos? Pensemos en nuestro sistema solar. La imagen más común, esa que nos han mostrado desde la educación primaria, es la de una bonita estrella amarilla-blanca rodeada por una amistosa escolta de planetas —los rocosos y los gaseosos—, un cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter y muchos cometas zumbando de vez en cuando por ahí. Sin duda, la fotografía que tenemos en la cabeza es la de un sistema solar plano, ordenado y preciso como un reloj caro.

Varias estrellas, pocos exoplanetas

Desde hace algún tiempo las noticias de planetas descubiertos en otras estrellas han dejado de ser la nota relevante en secciones de ciencia en periódicos y sitios de divulgación. Y no es para menos: según el catálogo explanet.eu se ha confirmado (hasta la publicación de esta entrada) la existencia de unos 1811 exoplanetas, pertenecientes a 1126 sistemas planetarios (466 de esos sistemas tienen más de un planeta).

Crónica de una muerte anunciada

Desde hace un par de años “la onda” en astronomía son los exoplanetas: planetas orbitando otras estrellas, la gran mayoría de ellas a varios cientos de años luz de distancia (otros temas como materia y energía oscura, brotes de rayos gama y agujeros negros también se mantienen en el top 10 de los investigadores desde hace varios años). Este “boom” y gran interés se debe principalmente a los extraordinarios y fructíferos resultados de dos telescopios espaciales: COROT y Kepler.

El primero, mayoritariamente europeo, ha arrojado resultados de una veintena de nuevos exoplanetas. Kepler, en su mayoría estadounidense, ha sido mucho más productivo y al momento de publicar esta entrada contaba ya con 61 exoplanetas y ¡más de 2300 candidatos! Pero tranquilos… eso no significa –ni por mucho– que estemos ante planetas habitados o esas cosas. Es más, la gran mayoría de los exoplanetas encontrados son en realidad tan gigantes y gaseosos como Júpiter y tan amistosos para la vida como un horno de microondas encendido. Y por si esto fuera poco, ahora habría que añadir un pequeño detalle: la posibilidad de que el exoplaneta sea tragado por su estrella madre y destruido en un breve espacio de tiempo. ¿Dramático? Sí. ¿Interesante? ¡Por supuesto! ¿Observable? mmmmm…

Resulta que un grupo de investigadores de la Universidad de Princeton estudiaron de manera teórica los detalles y la posibilidad de observar los momentos justos en que exoplanetas caen en su estrella central. Para hacer esto, utilizaron los resultados dados hasta ahora por Kepler, como radio de la estrella, masas de esta y el exoplaneta, separación entre los objetos y algunos parámetros relacionados con efectos de marea. De hecho es este último fenómeno el responsable de que la fusión se dé. Déjenme explicarlo: a lo largo de su vida, los exoplanetas podrían verse afectados por fuerzas gravitaciones tanto de su estrella como de otros exoplanetas vecinos; a estas fuerzas les llamamos de marea, porqué precisamente son las responsables de las mareas en lagos y océanos. Los intensos jalones hacia un lado y hacia el otro pueden provocar que en un momento dado la órbita del exoplaneta deje de ser estable y comience a migrar hacia su estrella, es decir, comienza a acercarse a ella.

Ahora bien, dependiendo de si el exoplaneta es casi igual, algo más o mucho más denso que su estrella, es el tipo de muerte que tendrá. Los que tienen densidades comparables a su estrella –casi como bolas gigantescas de gas–, “espiralean” lento, mientras poco a poco pierden toda su masa. Los exoplanetas que son un poco más densos que su estrella permanecen casi íntegros hasta alcanzar la superficie estelar donde en cuestión de horas son destruidos, convertidos en ceniza y tragados por la estrella. Finalmente, los mucho más densos permanecen completos aún por debajo de la superficie estelar, allí son destruidos por las temperaturas de cientos de miles o millones de grados y también terminan por ser tragados.

Pero, ¿qué es lo que esperaríamos ver o detectar desde la Tierra cuando esto pase? y ¿cuál es la probabilidad de que sucedan? Los cálculos realizados por el grupo de Princeton muestran que los casos más violentos podrían generar suficiente emisión de luz en forma de rayos X, rayos ultravioleta y luz visible, de manera que sí es posible detectarlos. En cuanto a la probabilidad… Bueno, tomando como referencia los datos de Kepler y tomando en cuenta que solo hemos observado el ¡0.001% de las estrellas con tránsitos en nuestra Galaxia!, el modelo predice entre 1 y 10 eventos de fusión por año. Sin embargo, dada la gran cantidad de gas y polvo en el disco de nuestra galaxia, es muy factible que el número de detectables baje considerablemente, por lo que los mismos autores sugieren que la búsqueda se haga en otras galaxias como en M31, la galaxia de Andromeda.

Al final, la moraleja es: ¡apunten sus instrumentos hacia el cielo que en cualquier momento observaran la destrucción de otros mundos! ¿Dramático? Sí. ¿Interesante? ¡Por supuesto! ¿Observable? También. ¿A poco no esto es más cautivador (y real) que las estafas y charlatanerías de Maussan?

Pulsares:
  1. ¿Estará un mayor impulso a la ciencia básica y la tecnología en la cabeza de los presidenciables?
  2. Ahora las dos principales televisoras rellenan con basura pseudocientífica lo que la basura normal ya no es capaz de vender… incluyendo los spots políticos.‏

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