Esa cosa llamada Centauro A y su halo

Una tarde del mes de agosto de 1826, el astrónomo escoces James Dunlop se preparaba como de costumbre para escudriñar el cielo nocturno desde la pequeña localidad de Parramatta, un suburbio del actual Sydney, en Australia.

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Enjambres estelares y gigantes galácticos

Una noche limpia de nubes y libre de contaminación de luces artificiales ofrece espectáculos insuperables: nuestra galaxia desde su interior, patrones curiosos, muchas veces geométricos en grupos de estrellas, percibimos con más nitidez sus colores y las diferencias de brillo entre ellas, etcétera. Si tendemos una cobija en la hierba y nos acostamos para echar un vistazo notaremos algo curioso; es más, comprenderemos un poco a nuestros antepasados.

El herrero y el color de las estrellas

En estos días de verano, con todas esas hermosas tormentas tropicales, lluvias y nublados casi eternos, ver estrellas por la noche es todo un reto y cosa más de suerte que de empeño. Por si fuera poco, la contaminación lumínica nos viene haciendo, desde hace tiempo, el grandísimo favor de empañar el firmamento prácticamente desde donde sea. Después de todo, ¿quién necesita ver el cosmos? ¡Bendita sea la luz de las ciudades! ¿No?

Formación estelar o el misterio de las vacas magnéticas.

¿Qué podrían tener en común un grupo de vacas pastando y una joven estrella en sus primeras etapas? En 2008 la prestigiosa revista Nature publicó un curioso e interesante estudio sobre la magnetorrecepción de las vacas que, por extraño que parezca, podría ayudarnos a entender los intrincados mecanismos que dan lugar a la formación de las estrellas