La última merienda del monstruo

Uno de descubrimientos más interesantes de las últimas décadas es que prácticamente todas la galaxias tienen un agujero negro supermasivo en su centro.

Desde luego que a los agujeros negros no podemos verlos: la deformación del espacio-tiempo hace que incluso la luz sea tragada por estos monstruos supermasivos.

Lo que sí ocurre es que alrededor de ellos se forma un disco o remolino delgado y enorme que poco a poco encamina el gas interestelar, o incluso estrellas, hasta que no pueden escapar y son devorados.

Algunas veces, parte del material acretando (que caen hacia el centro) se desvía de su camino regular (ya sea por calentamiento o su movimiento) y va a parar a enormes chorros que regresan el gas y lo empujan de forma muy colimada hacia el exterior de las galaxias.

Cuando este proceso ocurre en grandes cantidades, las erupciones concentradas forman chorros enormes, de varias veces el tamaño de las galaxias que albergan los supermasivos.

No todos los agujeros negros desarrollan estos episodios de bulimia galáctica y parece que el de la Vía Láctea, llamado Sagitario A* (Sgr A*; se lee “a estrella”), más bien se ha mantenido en un largo periodo de inanición. (Por cierto, Sgr A* tiene una masa equivalente a 4.5 millones de soles contenidos en una región algo menor que la órbita de Mercurio.)

¿Y cuándo fue la última vez que el monstruo central de nuestra galaxia se alimentó?

Para responder a esta pregunta, científicos de varias instituciones han utilizado en los últimos años las capacidades de telescopios espaciales y en tierra, que observan en la parte óptica y de rayos gamma. Así, en el 2010, el Telescopio Fermi encontró unas como burbujas enormes de gas caliente orientadas a ambos lados del supermasivo, en lo que parecía el último gran evento de alimentación (les llamaron “las burbujas de Fermi”).

Siguiendo con la investigación, astrónomos de varios países encontraron que el gas arrojado por Sgr A* y que formó las burbujas, después de su última merienda, data de hace unos 2 millones de años, tiene la masa equivalente a unos 2 millones de soles, su tamaño se extiende 23,000 años luz y presenta una temperatura de unos 9,400 °C.

Para llegar a estos resultados, los científicos analizaron la luz ultravioleta de 47 cuasares justo detrás de las burbujas, que fueron comparados con modelos matemáticos. Esto les permitió determinar que la velocidad del gas alcanza los 1,000 km/s y que dentro de las regiones hay elementos químicos como Carbono, Silicio, Oxígeno y Aluminio.

El trabajo científico apareció en la revista The Astrophysical Journal en enero de este 2017

 

 

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