Superbrillante, supermasivo y superlejano

La gran mayoría de las galaxias tienen en su centro un agujero negro realmente masivo: varios millones de veces la masa del Sol. Nuestra Vía Láctea, por ejemplo, tiene un bicho de unas 4 millones de veces la masa solar, esto es, 8200,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000,000 kilogramos.

Sin embargo, no pocas galaxias albergan en sus entrañas a un verdadero monstruo cósmico. Los astrónomos los llaman cuásares y son los objetos más lejanos que conocemos.

La idea que los científicos tienen sobre los cuásares es que son enormes y lejanas galaxias cuyo gas y estrellas alimentan un agujero negro supermasivo, de manera que también son objetos muy luminosos: el material que poco a poco cae en el agujero negro irradia enormes cantidades de energía. Así, a pesar de su gran distancia, es posible identificarlos y estudiarlos con telescopios en tierra y el espacio.

En febrero del 2015, un equipo internacional de astrónomos reportó el descubrimiento del un cuásar superbrillante. El más brillante reportado hasta ese momento. Pero además, el objeto se caracterizó por su distancia: la luz de SDSS J0100, como lo clasificaron, salió cuando el Universo era mucho muy joven. El descubrimiento fue publicado por aquellos días en la revista Nature.

¿Y qué hicieron los astrónomos para estudiar al bicho? Bueno, usaron algo llamado “corrimiento al rojo” para explicar cuán lejano está de nosotros. Conocido también por la letra z, el corrimiento al rojo es una medida de cuánto se ha “estirado” la luz que salió de un cuerpo cósmico en su camino a través del Universo en expansión. En otras palabras, una galaxia con alto valor de z estará mucho más lejos de nosotros y por lo tanto vemos su luz cuando el Universo era mucho más joven de lo que es hoy. Ver los cuásares es mirar el Universo cuando apenas era un niño.

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Imagen del campo de SDSS J0100. El cuásar se ubica justo en el centro.

 

La distancia que estimaron para SDSS J0100 fue de unos 12 mil 800 millones de años luz (o z=6.3), esto es, vemos el objeto cuando apenas habían transcurrido unos 900 millones de años después del Big Bang.

“Este cuásar es realmente único. Así como el faro más brillante en el Universo distante, su luz nos ayudará a conocer más sobre esas primeras épocas”,

comentó Xue-Bing Wu, lider de la investigación y académico de la Universidad de Peking y del Instituto Kavli de Astronomía y Astrofísica con cede en la capital china.

SDSS J0100 tiene una luminosidad de unos 420 billones de veces nuestro sol y alberga un agujero negro de 12 mil millones de veces la masa del Sol. Es el tipo de objeto que deja pasmado a cualquiera: superbrillante, supermasivo y superlejano.

“Es un laboratorio único para estudiar la forma en que agujeros negros supermasivos y sus galaxias conviven y evolucionan”,

dijo Yuri Beletsky, adscrito al Carnegie Institution for Science y colaborador en la investigación.

Una de las conclusiones del grupo de astrónomos es que, a esas épocas tempranas en la vida del Universo, los agujeros negros supermasivos podrían haber crecido más rápido de lo que lo hicieron las galaxias que los hospedan. Pero cómo y de qué se alimentaban estos monstruos siguen siendo preguntas sin respuesta. La investigación sobre SDSS J0100 y otros bichos de su tipo, sin duda continuará.

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