La reforma más allá de los fósiles

A finales del año pasado, cuando la reforma energética comenzaba a ver la luz con más fuerza, un grupo de actores protagonizaron un entretenido video, donde cada uno pedía que le preguntaran su opinión sobre las modificaciones que habrían de realizarse a la constitución y cualquier otra normativa legal al respecto. Probablemente usted lo recuerda por la frase “pregúntenme”.

Ocho meses después y con la reforma aprobada en su totalidad, ni a ellos ni a ninguno de los ciudadanos fuera de los puestos de representación nos fue preguntado nada sobre los temas votados en las cámaras de diputados y senadores. Peor aún, la información que se dio fue insuficiente para que los propios ciudadanos conocieran a fondo las modificaciones, compartieran puntos de vista y formaran una opinión.

Los que estuvimos al tanto de las poquísimas entrevistas y mesas de discusión pudimos darnos cuenta que los temas de la reforma se acotaron prácticamente al tema del petróleo y del gas, como si fueran las únicas fuentes de energía existentes. Tanto los medios de comunicación, como la publicidad oficial han dejado de lado las nuevas tecnologías y la inversión en ciencia para generar energías más limpias. La adicción que ciudadanos y gobiernos en México parecemos tener por los combustibles fósiles resulta alarmante y el desden que frecuentemente se hace a la ciencia y la tecnología, como herramientas para solucionar muchos de los problemas es preocupante.

Resulta inquietante, por ejemplo, que se hable de “independencia energética” o “el mejoramiento de PEMEX y la CFE” cuando al mismo tiempo existe un grave rezago en investigación científica en universidades e institutos avanzados. La ciencia y la tecnología seguirán desarrollándose en otros países, mientras que aquí sólo se compra o se alquila en lo que dura la explotación de los recursos.

El caso de la energía eólica parece ser el ejemplo perfecto de una enfermedad bipolar de este tipo: México avanza lentamente, pero gracias a la tecnología producida en otros países; los proyectos de investigación, innovación y desarrollo aquí son insignificantes.

A nivel mundial, Alemania es el líder en instalaciones eólicas, seguido por España, EU, India y Dinamarca. ¿Y dónde ubicamos a México?

Hace algunas semanas fue presentado el Climatescope 2013, un listado elaborado por el Banco Inter-Americano de Desarrollo y Bloomberg New Energy Finance, y que puntúa a los países por sus inversiones en energías limpias. Considerando sólo a latinoamerica, nuestro país queda rezagado al quinto lugar en generación, por detrás de Brasil, Chile, Nicaragua y Perú. Brasil invirtió del 2006 al 2012 más de 82,000 millones de dolares. México por su parte invirtió unos 2,400 millones de dolares en el periodo 2011-2012, apenas un 17% de lo que hizo el país sudamericano en promedio. Sólo como comparación, aquí al otro lado de la frontera, el estado de Texas acaba de anunciar una inversión por 7,000 millones de dolares para generar energía mediante el viento.

Según datos de la Asociación Mexicana de Energía Eólica, actualmente hay en operación 26 parques eólicos en México: 2 en Baja California, 20 en Oaxaca y sólo uno en los estados de Jalisco, Nuevo León, Chiapas y Tamaulipas. Sin embargo, el potencial de instalación es mucho mayor a esto y la gran mayoría de las empresas involucradas son extranjeras.

Según el Climatescope, de la potencia total instalada en México al 2012, sólo 2% fue producida por instalaciones eólicas. Mientras que en México la potencia instalada generada por fuentes renovables llegó al 4%, en Brasil fue de 13%, en Chile de 7%, en Uruguay de 11% y en Nicaragua de 36%. En total, la energía limpia generada en nuestro país en 2012 fue de unos 12,215 gigawatt-hora.

Si nos comparamos con el resto del mundo la situación es realmente triste. Hace unas semanas Dinamarca anunció que la energía producida en sus parque eólicos era la más barata del país y que para el 2016 el gobierno esperaba que la energía eléctrica generada así, costara la mitad que la producida a partir de combustibles fósiles. Hoy en día el 43% de la energía necesitada por el país escandinavo se genera por turbinas y esperan que para el 2050 el porcentaje se eleve a la mitad del total utilizado.

También Alemania anunció recientemente que una tercera parte de sus necesidades energéticas son generadas mediante energía solar, eólica, hidrotérmica y biomasa. En el año 2000 las energías renovables apenas alcanzaban el 6% del consumo, pero en los últimos tres años Alemania ha roto records momentáneos en la producción de electricidad mediante celdas solares y viento, llegando a proveer hasta 75 por ciento de la demanda. Sólo mediante viento, Alemania produjo 31,000 megawatt-hora durante la primera mitad del 2014, esto es, 2.5 veces lo que generó México en un año, agrupando todos los procesos considerados limpios.

Finalmente, debe quedarnos claro que cuando se habla de energía no sólo se trata de petróleo y gas. El gobierno federal y la sociedad civil debemos poner dentro de las más altas prioridades la producción energética mediante procesos menos contaminantes. Además, el conjunto de leyes aprobadas debe contribuir a mejorar la situación de la investigación científica y tecnológica en nuestro país. La tan llevada y traída “soberanía” debe involucrar también proyectos de innovación y desarrollo nacionales en áreas tan importantes como la producción de electricidad por energía electroquímica, la solar y eólica. Esperemos que así sea…

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